miércoles, 21 de octubre de 2020

Poesía (segunda parte)

El día de hoy les presentamos los últimos, por el momento, tres poemas de la escritora María René. 




MADRE LUNA

Madre Luna,
gloria de mis días
testigo de mis momentos
brilla en lo alto del infinito
enmarca con tu luz mi firmamento.

Alma de fuego,
con corona de niebla gris
hoy enciendes mi cielo
pintando mis recuerdos en tu ser.

Madre Luna,
gloria de mis noches,
alimento de mis sueños,
generadora de mis más locos ideales.

Llena de tu luz mis nostalgias,
apacigua el calor de mis mares,
encadena mis penas al vacío,
ayuda a mi vida a tomar un rumbo fijo.

Bendice mis pasos,
Madre hermosa de nívea tez,
cubre con tu manto mis ojos,
mis manos y mi voz,
que si el llanto surge sea de amor,
que si oscurece no sea por temor,
que los horizontes cambiantes
auguren tus riquezas en mi alma.

Madre Luna,
encomiendo mi vida entera a ti,
que sea tu voz mi voz,
tu vista mi guía y tu morada la mía.

Que la sangre que hoy derramas
ahogue mis angustias
y lave mi cobarde andar,
que se enciendan mis venas con tu fuego
y que si un nuevo porvenir surge
glorifiques mis pensamientos con sabiduría.

Infinitas gracias, Madre Luna,
por tu eterna compañía y virtud...





POR UN HECHIZO DE AMOR


Y seguiré aquí,
como quien no quiere, al tanto,
de tu mirada profunda
y sonrisa de medio lado,
uno a uno tus besos voy guardando,
así despacito,
en silencio... esperando...
ese día que te descuides
y te olvides de cerrar con llave.

Estaré al tanto
del día que dejes tu corazón al descuido,
como quien no quiere,
medio abandonado,
para entrar de puntillas,
sin hacer ruido,
en voz baja...
y al encontrarte descuidado,
indefenso,
enredare mis labios a los tuyos,
hechizándolos...


Y te juro, amor mío,
por la Luna Madre que nos ve,
que no sentirás calor más puro
que el que te he de ofrecer,
tu cielo dejará de ser frío, vano,
lo puedes creer...
que después de esa noche
le rogarás al cielo el volverme a ver...




Only Between You and Me, our All Hollow´s Eve

A few more hours and we´ll be there,
right in the threshold of the living and the dead,
I´ve waited the whole year for this night to come around
to behold the beauty of your ethereal sight and sound.


The night of the Samhain opens the gate
of the invisible, the untouchable, the unseen,
for me to hold your hand and feel you touch
until the daylight comes, ending the dream.

My darling, my love,
was your soul my resting place
how much have I missed the warmth of your embrace
how much have I cried for your return to my life.

The night of the Samhain will hold the secret
of this forbidden encounter between heaven and hell,
your heaven of eternal grace
my hell of perpetual despair,
between you and me,
our own All Hollow´s Eve.




martes, 13 de octubre de 2020

Poesía

Es gusto continuar publicando los textos de María René y el día de hoy vamos a compartir con ustedes tres poemas de su autoría. Esperamos los disfruten. 


VIDA

Vida ¿Qué te has creído?
¿qué puedes jugar con mi conciencia
a diestra y siniestra, a tu puro y excelso antojo
dejándome vacía el alma y sangrando el corazón?

¿A dónde quieres que llegue,
bajo la presión de este calor fulminante
si no te detienes ni siquiera para verme llorar,
ni siquiera para verme ahogar en esta arena amarga?

¡Ah Vida! En tu andar de sinfonía
se te ha olvidado la tonada que compusimos
cuando de noche compartíamos estrellas de fuego y hielo,
olvidaste mi fortuna entre tus dedos de hierro.

Daté cuenta, Vida, que aprendí a caminar entre sombras,
valiéndome madre tus desprecios y eufemismos,
dependiendo únicamente de la visión de mis dedos,
para encontrar la luz de mi oscuridad.

Dame una razón, Vida,
para seguir en este camino sin rumbo,
para creer en la gloria al final del túnel,
para seguir provocando a que tus brazos
se conjuguen con los míos.

Llévame a lo profundo de su mirada, Vida,
arrástrame despacio entre sus manos de luchador,
deja en mi piel la cicatriz de aquella noche
en que me perdí entre sus lunares,
para nunca más volver.

Déjame llegar al fondo del abismo...
déjame llegar a él.



PLEGARIA 

Te estaré esperando en el umbral de fuego,
ante la mirada protectora de Madre Luna.
Que el cielo se estremezca
al escuchar en el latir de mi pecho tu nombre,
aún te pido, aún te recuerdo
y nunca vagar en la Tierra de Olvido.

Se unen las luciérnagas de primavera
a mi clamor solitario,
mi vida entera para ti
y por un minuto más de tu presencia
sin importar el calor inclemente
que congela mis sentidos,
por una noche más a su lado,
por un instante más entre sus brazos.

Madre Hermosa,
escucha mis plegarias.
Permite a esta alma en pena
besar tus níveas manos
en son de humildad y lealtad absoluta.

Absuelve mis pecados con tu luz
y permite a mis ojos contemplarlo una vez más.
Esta noche en que tu claridad se enardece
con esa fuerza carmesí,
abre para mí el umbral de fuego que te envuelve
y tráelo a mis brazos.

Conmuévete por favor,
que mi desesperación dulcifique tu rostro
y permita a esta tu hija convivir con su espíritu
un rato más,
compensando el tiempo
que nos robó la Hermana Muerte.

Esta noche me encuentro a tus pies,
Madre de Plata y Rubí,
a tu merced, de rodillas,
concédeme un instante más
en la curva de sus pestañas,
un beso, una caricia...

La eternidad de tu luz a su lado...
Y me quedé viendo la luna a los ojos,
le pregunté por ti
por las muchas historias
que andarás aprendiendo en el más allá...

Y en sus ojos,
vi tu mirada curiosa e inquieta como siempre,
esa mirada de miel y plata.

La luna me dejó ver tu paz,
tus vuelos, tus amaneceres,
allá donde el sol deja de ser estrella
y se convierte en el dios abuelo,
me dejó ver tu estela traviesa
calentando inviernos y enfriando primaveras.

Quien lo diría...
un Diablillo haciendo picardías en el paraíso...

De no conocerte como te conozco
no lo hubiese creído,
pero al mismo cielo pongo de testigo
que no hubo, hay ni habrá
un diablito más angelical
como el que tú has sido.

A la luna tiré un beso,
encomendándole te lo diera
con ese beso va mi alma entera,
llena de tus recuerdos,
tu risa y tu voz.

Se quedó la madre luna en lo alto
cuidando el camino de los perdidos y encontrados
yo me quedo abajo suspirando
por tus abrazos de oso,
tus ocurrencias de filósofo,
y por lo que nos hizo falta vivir.

Por lo que fuiste y siempre serás para mí,
la fuerza de mi existir...





LEYENDA

Cuenta el viento
Que no hace mucho tiempo existió
Un hombre de gallardía inigualable,
Valeroso, generoso, sabio y audaz.

Cuentan las hojas de los árboles
Que vivió con gracia y plenitud
Reinando con corazón de oro
Brillando con una eterna luz.

Cuenta el sol,
Que amaba a los suyos más que a nada
Y nunca dejó pendientes a realizar
Su trabajo fue arduo y apasionante.

Cuenta la luna,
Que en las noches se refugiaba en su amor
Y su hogar era el reflejo de la paz misma
Llenando el calendario de instantes inolvidables.

Guerrero de luz y fuego,
Alma de sueños y fuerza,
Gloria de vivos y leyendas,
Y mi más grande amor.

Cuenta el cielo,
Que sus manos de artista colorean las nubes
Ahora que cabalga en el horizonte

Cuenta el infinito,
Que monta guardia en el cielo
Siempre cuidando a los suyos
Floreciendo rosas en el jardín de su amor.

 


jueves, 8 de octubre de 2020

Paga al salir (segunda parte)

La idea la atormentó por varios días, al punto de darle insomnio, desafortunadamente a este punto, esa era la única solución viable para Lorena.  Regresó un día con ese abogado, y con toda la desfachatez del caso, le habló claro y pelado, igual, ya daba por perdido todo, si lograba el juicio no tenía esperanzas de nada.  Con las manos vacías y el corazón en la mano, le relató al abogado una a una sus penas e incertidumbres, los años de abusos y tantas cosas más. 

Sin decir una palabra, el licenciado se levantó y se aseguró que la puerta estuviera con llave, llamó a su secretaria para que no lo molestaran, que estaría en una reunión importante y confidencial.  La miró a los ojos y tomó un trozo de papel en donde apuntó un nombre y un número telefónico. 

Ella tomó el papel con más miedo que vergüenza y supo inmediatamente de qué se trataba.  El abogado le explicó, había conocido a este individuo hacía ya un tiempo, había sido parte de las fuerzas armadas en la época de la guerra interna y se las sabía de todas todas.  Al finalizar la guerra y con los Acuerdos de Paz, muchos de ellos se vieron desempleados y con serios problemas que los hizo presa fácil de gente mal habida.  Con el tiempo, el antes soldado, ahora se dedicaba al sicariato.  No era barato, pero sí muy discreto y de fiar… si es que ese término se puede aplicar en el bajo mundo.  Ella le confirmó que el dinero no era problema, ella vería que ambos fueran recompensados como es debido.  Acordaron que el asunto se coordinaría entre el licenciado y el sicario únicamente, ella no necesitaba los detalles, solo quería que sucediera.

Esa mañana, su marido amaneció particularmente cariñoso, hicieron el amor como hacía años no lo hacían, desayunaron tranquilamente y él se fue rumbo al trabajo.  Se quejó de algo acerca del pago de planilla de la finca, recibió una llamada en donde le contaron que al caporal le había dado dengue o algo así y tenía que llevar él mismo el dinero, no se quería arriesgar de dejarle la tarea a cualquiera de la finca.  Dejó el vaso vacío sobre la mesa, se despidió de ella y los niños, y antes de salir le preguntó: “Todo bien, ¿verdad?”.  Ella sin pronunciar palabra, solo asintió y algo dentro le hizo pensar que esa sería la última vez que lo vería.

A eso de las tres de la tarde estalló el caos.  Sonó el teléfono y al otro lado su suegro histérico le contaba: “Lore,, mija, ay no… que pena, balearon al chiqui, parece que fue para robarle la plata de la planilla porque se llevaron todo, el maletín con el dinero, su computadora, el celular, las chequeras, todo.. va camino al hospital, váyase para allá, yo ya casi llego… va muy mal mija…”.  No pudo ni hablar.  Colgó el aparato y le habló a la niñera lejos de los niños, su marido había tenido un accidente y tenía que salir a ver qué sucedió. 

Al llegar, todo fue demasiado rápido, médicos y enfermeras de un lado a otro, sus suegros tomados de la mano lloraban y rezaban y cuando la vieron alguien le puso un vaso con té en la mano mientras le hablaban, pero ella no entendía nada de lo que le decían.  Tres horas después, y tras una larga lucha por contener la hemorragia, el médico salió a dar la mala noticia: múltiples impactos de bala de alto calibre rompieron con todo lo que encontraron a su paso y fue imposible salvarlo. 

Cayó sentada en el sofá de la sala de espera, no creyendo que fuera tanta su suerte.  “está en shock, pobrecita…”, escuchaba a los lejos, pero su estado era por algo muy distinto a lo que se imaginaba la familia.  La tarde anterior, el abogado le había llamado, le comentó que prepararían el atentado para dentro de una semana más o menos, por si alguien averiguaba de sus planes de divorció, así evitarían conjeturas… ¿Sería posible que esto no tuviera nada que ver con sus planes?”.

Debido a la situación no tuvo tiempo de confirmar con el abogado sus dudas, tampoco lo creyó prudente, la policía andaba como loca buscando a los responsables, sería mejor esperar.  Estando en el funeral siguió su teatro del “shock” y no habló con nadie.  Una larga fila de personas le esperaba para darle el pésame, recordándole lo maravilloso que era el Chiqui, así que prefirió la idea de seguir fingiendo la tristeza para evadir todo el circo. 

No reparó en ninguno de los presentes hasta que escuchó una voz familiar que le susurró al oído: “como que se nos adelantaron, señora.  Llámeme en cuanto se pase este relajo y la dejen respirar”.  El abogado continuó dando el pésame a los demás deudos y fue así como Lorena confirmó sus sospechas, su alma estaba libre de toda culpa, alguien más lo asesinó.  Más tarde en el cementerio, el ataúd se perdería en las entrañas de la tierra, y con él, todas las angustias, dolor y sufrimiento de Lorena, atrás quedaron las cadenas, con cada rezo, cada Ave María, sus alas crecían…

Regresó a su casa exhausta, sobre la mesita de la cocina encontró los periódicos de los últimos días, se asombró al leer uno de los encabezados: “Apresan a presuntos responsables en asalto a Ingeniero” … continuó su lectura, “les incautan los objetos personales del difunto y parte del dinero robado, como pruebas fehacientes del crimen”.  Entre los detalles más relevantes decía que los capturados habían sido empleados de la finca, el jefe de la banda era el caporal, quien supuestamente se había reportado enfermo el día del atentado.  Los otros tres hombres, dos de ellos habían tenido problemas personales con el ingeniero, lío de faldas al parecer, algo sobre una pariente de uno de ellos que decía haber sido violada por el patrón.

“Bendito Karma”, pensó ella.  Los siguientes días fueron un martirio, abogados, papeles que firmar, citas, seguros, cuentas, proveedores, etc.  Algo de nunca acabar.  Habló con la familia, les dijo que se sentía insegura en la ciudad y que quería llevarse a sus niños al extranjero, unos dos o tres años, para sufrir su luto en paz.  Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron los arreglos de las visas, boletos, colegios, en fin, todo lo necesario para que los tres se fueran lo antes posible.  Pero ella tenía un pendiente que debía resolver antes de partir.

El vehículo cruzó ceremoniosamente el portón de hierro fundido y los jardines llenos de flores del cementerio en donde su “adorado esposo” yacía en su eterno descanso, llegó a la tumba y la miró detenidamente en silencio.  Disimuladamente, se paró sobre la lápida, se aseguró que nadie más estuviera cerca y orinó sobre ella.  Por vulgar y corriente que la situación fuera, el tipo lo ameritaba después de tantos años de vergüenzas y dolor.  Se quitó los anillos de matrimonio y los dejó caer sobre la tumba mojada.  Sonrió, sintiéndose liberada de todo el peso que llevó a cuestas durante su “perfecto” matrimonio.

“Vas a necesitarlos para pagarle a Caronte o bien sea darle mordida a los demonios que te chinguen en el infierno, cariño.  Los vas a necesitar”.  Caminó un rato por los jardines del camposanto, aspirando el aroma de las flores y admirando la arquitectura de alguno de los mausoleos.  Hasta ahí llegaba su vida de tormentos y desatinos, a partir de esa fatídica tarde, ella había dejado su infelicidad dentro del ataúd de roble y enterró todo junto a adorado Chiqui.

De ahora en adelante, ella gobernaría su vida…

martes, 6 de octubre de 2020

Paga al salir

Un fraternal saludo a todas las personas que dedican un espacio de su tiempo para leer las publicaciones que compartimos con ustedes. 

Hoy queremos compartir con ustedes la primera parte del cuento Paga al salir  de la escritora María Renée López Bulask, ella es estudiante de la carrera de Letras en la Universidad de San Carlos y secretaria Bilingüe de profesión. Publicó su primer texto a los siete años en la revista Chicos y ganó el primer lugar en el concurso de poesía del Colegio Interamericano. 

Esperamos disfruten de esta lectura. 


PAGA AL SALIR

La tarde al fin se refrescaba después de un inusual calor de medio día. Era mediados de diciembre y comúnmente predominaba el frío.  Lorena acababa de ir a dejar a sus hijos a la casa de su mamá —Así terminaba de dar las últimas vueltas antes del viaje, si no se aburren—.

Hacía unos meses que cargaba el título de viuda en la frente y los trámites del testamento, las propiedades y los seguros se habían vuelto eternos y encajosos.  ¡Ni siquiera muerto dejaba de joder!  Pero ya pronto se alejaría de todo el barullo.

Vestía un discreto vestido negro, muy elegante y de marca fina por supuesto, el condenado apellido de casada que llevaba a cuestas significaba estar en combinación perfecta con las joyas autos, ropa, zapatos y el estatus.  Que ni se le ocurriera siquiera pasar frente a una venta de segunda mano y detenerse en la vitrina.

El semáforo marcó rojo y mientras esperaba el verde, se detuvo a observar el suntuoso anillo de compromiso y la argolla que competía en brillo con el sol, mudos testigos que le seguían recordando el martirio por el que había pasado los últimos años.

Lo conoció al poco tiempo de graduarse del colegio y era el ideal de toda jovencita adolescente: alto, guapo, de familia adinerada, carro del año y billetera sin fondo, y como la guinda del pastel, romántico, atento y extremadamente caballeroso.  Casi 10 años después de esa noche en que la deslumbró, Lorena terminó de comprender que esa ceguera juvenil fue la que determinó su fatal destino.

Tuvieron un noviazgo como cualquier otro, con altibajos... más bajas que altas, pero ella siempre justificó su suerte con la típica excusa “todas las parejas tienen sus problemas, es normal, tanto es el cariño y el amor que tiene miedo de perderme, por eso me cela, por eso necesita que estemos juntos todo el tiempo. Seguro es normal… normal…”  cuantas veces trató ella de convencerse de esa normalidad que al final terminó perdiendo la noción de realidad y farsa.  Eventualmente sucedió, se casaron por todo lo alto, el apellido del patojo lo ameritaba.  El vestido de diseñador mandado a hacer al extranjero, al igual que los zapatos.  Todas las damas vestidas igual, pastel de seis pisos y buffet abierto para más de 300 almas.  Luna de miel en Europa (y lo que sucedió en Europa allá quedará encerrado en la lujosa habitación del hotel) y al regresar, una casona nueva, totalmente equipada con sirvientas, jardinero y chofer, en una de las zonas más exclusivas de la ciudad, carros de lujo y tarjeta de crédito dorada.

“Para qué vas a trabajar, si necesidad no vas a tener”, le dijo su flamante esposo y el tema fue el causante de una de las primeras peleas de la pareja ya como marido y mujer.  Como era de esperarse, al poco tiempo Lorena estaba esperando a su primer hijo y sus días se vieron llenos de compras, arreglos para el parto, baby showers y los mejores médicos para ella y el bebé.  Nació el primogénito, un hermoso varoncito, rubio, sonrosado y risueño, al cual Lorena se aferró como tabla de salvación, esperando y deseando con todas sus fuerzas que las cosas finalmente cambiarían su rumbo, aunque no le garantizara felicidad eterna, al menos un poco de paz.

Para cuando llegó el segundo muchachito, ella estaba al borde de la locura.  Aquel joven hermoso y atento del que se enamoró se había convertido, con el paso de los años, en la personificación de todos sus miedos, al punto de volverse su día a día totalmente insoportable.  Los golpes y moretes nunca fueron en el rostro o en un lugar visible, “la gente es capaz de inventar cada estupidez y mal pensarlo todo, ellos no saben nada que todo esto es por nuestro bien”, le dijo una vez. 

El romanticismo y la delicadeza era cosa del recuerdo, sus elogios y piropos pasaron a ser insultos y humillaciones: “Cómo sos de inútil y así querías trabajar, sin siquiera controla al servicio podés, no sabes hacer nada”.  Sus hijos eran su único consuelo, ya que bendito sea el cielo, su flamante marido era de pensar que la crianza era oficio de mujeres y nunca se metió con la educación en el hogar de los niños.  Ella logró con mucho esfuerzo, aislarlos de todo el problema y ambos niños creían en ella ciegamente, su padre era solamente una figura más en su casa.

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El semáforo cambió a verde y ella se limpió las lágrimas del rostro.  Aceleró un poco, para llegar más rápido a su destino y salir de eso ya.  Hizo un recuento mental de todo lo que tenía que hacer y lo que ya estaba. Ya tenía los pasaportes, boletos y cheques de viajero.  Había pasado al banco por efectivo, uno nunca sabe, y al salir del banco no pudo evitar detenerse frente a la vitrina de una tienda de ropa de segunda mano.  Se enamoró de un vestido primaveral con el 50% de descuento que estaba puesto en el maniquí.  Entró, lo pidió, pagó en efectivo y regresó al auto con el corazón a mil por hora. 

Tenía esa sensación en el alma como si hubiese hecho una travesura, pues obviamente, en el mundo en el que acostumbraba a vivir, este era un acto descabellado y totalmente innecesario. Pero para ella era el símbolo de su nueva vida, ese cambio tan anhelado que a su espíritu urgía. 

Continuó su camino y en unos minutos divisó el pesado portón de hierro.  Como siempre admiró los rosales de la entrada, estacionó el auto y se bajó tranquilamente, respiró el aroma a grama recién cortada y comenzó a caminar.  La última vez que había estado en ese lugar había sido casi un año atrás, en el entierro de su esposo. 

Después de un pedante velorio, atascado de gente estirada e hipócrita, esta era su morada final, estaría junto a sus dos abuelos y un tío, obviamente en el área de más alcurnia del cementerio.  “Tan joven y bueno que era,” le oyó a decir una viejita que lloraba sonoramente.  “Qué pena que los niños crezcan sin su padre”, murmuraba otra mujer.  “¡¡¡Maldita delincuencia!!!”, gritaba desconsolada la madre del difunto, que olvidándose de la elegancia del apellido lloraba a mares a su nene.  Lorena fingió todo el tiempo estar en shock, de igual forma, fingir había sido el pan de cada día, así que le era tan natural hacerlo.

Había querido divorciarse unos tres meses antes de la muerte de su marido.  Sin decirle a nadie comenzó los trámites, buscó un abogado y le plateó el asunto.  El abogado, un señor serio, de mirada dura pero franca, le preguntó curioso “¿Contra quién es la demanda?”.  En cuanto ella mencionó del nombre del esposo, el abogado abrió mucho los ojos, colocó las manos sobre el escritorio y movió la cabeza negativamente.  “¡Ay no señora! Eso no va a salir, nos van a masacrar en el juicio, esto jamás se va a poder arreglar con un cruce de papeles.  La va a dejar en la calle, le van a quitar a los niños, la van a desprestigiar en todo.  Contra esa familia no se puede, tienen comprado a medio sistema judicial y la otra mitad… bueno, algunos les tienen miedo, otros sabemos nuestro lugar”. 

Seis abogados más le dijeron lo mismo… “¿Dónde diablos están los abogados mañosos y corruptos cuando se necesitan?”, pensó angustiada.  Al fin se había decidido, al fin había tomado valor para salir de esa tortura de matrimonio, pero seguro que esos abogados tranzas estarías del lado de su familia política lo muy menos.  El último con el que habló le hizo un comentario en broma: “Sólo muerto digo yo, que sería capaz de librarse de alguien como él, las leyes acá no ayudan en estos casos”.


viernes, 11 de septiembre de 2020

Perdida en tus ojos

 

Perdida en tus ojos

Estrellas parpadeantes de la noche, son el reflejo del sol en el mar de mi alma y también el consuelo de mis lágrimas

Que no daría por verlos de nuevo, que no daría por verlos en persona y poder admirar el destello que emiten sus pupilas

Reflejan fuerza, furia y hambre de seguir adelante

Pero también reflejan nobleza y dulzura

Dichosos aquellos que han visto esos ojos infinitos llenos de galaxias formadas por recuerdos y memorias, llenos de amor y cariño

¡¡Ay de aquella que sea digna de corresponderle a su amor!! Dichosa doncella que nunca volverá a ver dolor, acompañada de 2 perfectos luceros que la protegerán en la noche y que serán su gozo de día

Perpetua calma sostienen los ojos en los que estoy perdida, perdida para siempre, jamás encontrada ni jamás me podrán encontrar porque él es al que yo quiero amar.

Magia Negra

Él nunca se ha dado cuenta en la manera que hipnotiza. La manera en que sonríe es un completo embrujo que me tiene atada de manos y pies con cuerdas invisibles de una ilusión

La hechicería es su diario vivir, sin darse cuenta, lo veo y empiezo a sonreír 

Aunque no esté feliz el causa esa felicidad en mí, la magia que posee nunca la había podido conocer, menos ser parte de un embrujo eterno en el que me tiene enredada, sin salida Duele amar en la manera en que lo amo pero duele más saber que su mismo veneno lo mantiene ciego, su magia siendo más fuerte que la mía, apaga mi luz blanca y me llena de agonía, me sumerge y me hunde en sus pócimas haciendo que yo le pertenezca sin saberlo, toda suya pero no todo mío.

Anhelo

Espero conocerte algún día. 

Tal vez no te des cuenta, pero yo al verte estaré segura de que eres tú.

Eres tu con quien soñaba cada noche, Eres tú el que me daba esperanzas de seguir, no te conocía, pero había algo, una luz dentro de mí que decía "algún día te encontrare y te amaré como nadie te ha amado jamás".

Respire profundo al ver esos ojos color celeste, un suspiro expiró de mis labios pronunciando un nombre que me sonaba familiar y resonaba en mi cabeza hasta volverme loca, volteaste y dijiste "tu, eres tú a quien yo he soñado" Yo me acerque y rocé sus labios con los míos los mejores labios que yo había besado.


jueves, 10 de septiembre de 2020

Insomnio a medianoche

Hoy nos complace compartir con ustedes los tres primeros poemas de Carmina López.

Insomnio a medianoche

El insomnio me acompañó en el trayecto de la noche, pensaba en él...pensaba en ti

Bajo el frío de la madrugada a las 4 en punto de la mañana, pasaron las horas sin que yo me diera cuenta, eterno eterno insomnio

Una sinfonía de pájaros cantaba afuera de mi ventana, salí por un momento para recordarme de él...para recordarme de ti, aire frío llenando mis pulmones y abrazando mis ilusiones como tú lo hacías, mis pies descalzos en el césped bañado en rocío

Pero ¿Que hago si el amor no fue suficiente? ¿Qué hago yo para borrarte mi mente?

Te vuelvo a ver a través de mis ojos cerrados, siempre el destino me arrastra hacia ti aun sabiendo que no fuimos hechos uno para el otro, eterna eterna tortura

Maldito insomnio, no me deja olvidarme de él...jamás podré olvidarme de ti.


Cuerpos inquietantes

Siluetas empapadas de orgullo y estereotipos, cansadas de no ser lo que ellos esperan

Tirados en las aceras, perdieron su dignidad en el calor de las calderas de la sociedad, vivir se hace un tormento cuando tu cuerpo es un cascarón vacío, sueños quemados yacen en el humo de lo que quedó de ellos

Cuerpos perfectos pero desiertos aún ondean en las calles, caminan entre los otros quienes desean ser como ellos, pero no pueden, los vacíos carecen de amor y los imperfectos les sobra corazón

Pero a ellos no les importa, horrendas copias baratas de imágenes en una revista

En cambio, la verdadera belleza se encuentra en aquellos cuerpos que en sus imperfecciones son perfectos, con un corazón que pesa más que las violentas críticas y ajenos comentarios, son guerreros ante un batallón de modelos a seguir que mueren de hambre y desean ese corazón que jamás tendrán si siguen idolatrando la mediocridad de un cuerpo perfecto, pero carecen de alma

¿Vale la pena ser una copia más?

Susurros olvidados

Voces que lleva y trae el viento, junto a recuerdos y memorias

Susurran en mi oído todas las palabras que solían decir las almas que quería perdonada funcionó, sus consejos no sirvieron de nada

Se fueron en las corrientes de viento perdiéndose en el canto de los pájaros

Voces que me consuelan

Voces que son mi única compañía en esta agonía de seguir amando

Almas que lo único que dejaron fueron sus ideales en las paredes para que otros a través de ellas escucharan sus lamentos y pensamientos que jamás fueron encontrados

Nadie los escuchó a tiempo, dejándolos atrapados en sus habitaciones o simplemente en su locura de que algún día fueran escuchados

Espero algún día ser encontrada por alguien que escuche en mi pared, alguien que escuche que aún te amo.


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Carmina López

En el espacio del día de hoy queremos compartir con ustedes el talento musical de Carmina López y en los siguientes días estaremos publicando varios de sus poemas.

Carmina López es estudiante de fisioterapia en la universidad Galileo y su pasión es la música y la escritura, empezó a escribir aproximadamente hace dos años y a realizar covers hace un año y medio. Está trabajando en una canción original y sus covers son interpretados en inglés y español.

Esperamos disfruten la siguiente interpretación a capela que ella nos comparte este día.  



martes, 8 de septiembre de 2020

Rodrigo Villalobos

Este día nos complace publicar una vez más los textos de Rodrigo Villalobos. Rodrigo es un escritor, editor, periodista cultural, investigador archivista y tallerista. Nació en Ciudad de Guatemala en 1992.

En el 2011 creó su blog Tulipanes de plástico, donde expone poemas, ensayos y cuentos de su autoría. Formó parte de la antología de poetas contemporáneos Frente Al Silencio -Poesía- (2014). Ha publicado los libros Poemas de un disquete (2017); y Tulipanes de plástico (2018). Fue cofundador y codirector editorial de la revista cultural y literaria La Fábri/k/ del 2018 al 2020.

 En la actualidad, finaliza sus estudios de la Licenciatura en Letras en la USAC; está a cargo de la editorial Testigo Ediciones; colabora como columnista y redactor para varios medios digitales, como Diario de Los Altos y Resiliencia GT; además, dirige y trabaja en proyectos de activismo y memoria histórica.



La hora en que llegaste

Viniste para quedarte,
cambiando la música de mi radio
por una más tropical.

Por ti aprendí a juzgar la hora
solo por las manecillas del reloj;
le robaste tanto faroles a las noches,
como cafés a las mañanas.

Viniste para quedarte,
jugando a ser alfil
sin antes haber sido peón.

Ya se me olvidó
cómo contar los números de un almanaque,
cómo las frases se deben pronunciar,
               (como tildar yseparar),
el color y los nombres que soñé
                 (para hijos/cosas que nunca tuve con alguien más),
incluso, no recuerdo si nos pusimos reglas antes.

Viniste para quedarte,
coqueteando sin quitarme la mirada
y derramándote entre mis manos.

Pronto, dejé de medir distancias y tiempo,
siempre parecías dejar de huir
y había de mí que te acompañaba sin mi consentimiento…

Quizás eran las estaciones todas iguales,
quizás eras tú quedándote conmigo.

Viniste para quedarte,
como la librera que improvisé en mi alcoba
                 (perpetua e inamovible),
con muchas palabras traducidas/intermediarias,
                pero tan callada al final,
                               y gritando después
                                         que siempre sí
                                                     al amor y a algo más…






Con mi guitarra

               Con mi guitarreo (eo, eo)
soy un bardo,
lobo que aúlla melódicamente,
coyote de loma sin nombre,
trovador medieval con tenis Nike,
y hago loas con cerveza.

                    He vencido (ido)
a otros lamentos con los míos,
lamentos heridos
del corazón de'ste bonito
y curvo cajón.

Canto porque no bailo
y no bailo porque bebo,
                y los charangos (charangueos)
me salen todos naturales.

La garganta que me dota
no es de vikingo
ni de Homero
ni de mariscal de campo
por eso cubro mi carencia
con seis cuerdas lloronas
y unos tragos al momento
               y sin hielo (eo, eo).

Yo troto mi guitarra
y mi guitarra triste
trota al paso
que le impone una canción
que sola se desviste.

                  Yo no sé si fuera (ea, ea)
su madera
               siempre nueva (ea, ea)
sonaría tan bien acaso
                   como lo hace hoy (paso, paso).

Al tango encanto
de altibajos
he ganado más monedas
con mis lagrimeos de cuerda sonoro
que si fuera esto un fusil
de pólvora y cañón.

¿Será entonces
                       que las guitarras todas (odas)
tienen voz
para enjaular malos amores
y la humildad para liberar
al más inquieto aprieto
de unas manos mudas
de dolor y de pasión, corazón?

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Inconexos delirios del fin del mundo

Inconexos delirios del fin del mundo

Si a media tarde viene la muerte y encontrás en la piel texturas de sangre y latido que desean tan solo besarla, digamos inocentemente (cuando el deseo es deseo de niñez incompleta), la besás y todo se vuelve caos: las luces se apagan, incluso las luces rojas en aquella esquina de bar pijo, y chocan cosas-corazones desfibrilados en un universo perdido detrás de una puerta llena de polilla.

Ojalá no mueran muchos poetas para entonces, porque sonreír con la mirada es patético, poco práctico: luces mortecinas bequerianas y una adolescencia persiguiéndola. Me fui a contar mi vida a otra parte lejos de tu vista. Lo irreal es la manera de decir sin decir-dañar-prometer-cumplir-morderse-la-lengua.

Mis padres, quiero ser incluyente, parieron cuatro veces: dos mujeres, un hombre y un monstruo mutante que irradiaba matices y ternura bajo un pelaje hosco y hostil. Es decir, los inadaptados son más de lo que se piensan, aunque dicen que para dormir hay que contar ovejas.

No importa, moriremos alguna vez, moriremos cualquier día de cualquier semana, de cualquier mes. También se puede morir de formas estúpidas, como por consecuencia de una gota de saliva. Joder, los besos…

No, no estamos en guerra, no caerán bombas, quizá acompasará la lluvia y destruya igual los techos y los pisos. No, vos no tenés hambre de la que hace visibles las figuras geométricas del cráneo, con agujeros que tienen profundidad de mar. Solo sos vos sintiendo tu ombligo con ansiedad. Hasta ahora, durante una pandemia, te das cuenta de qué va la vida, tanta pena por las blancas banderas, tanta arrogancia y tanta ceguera por no haberla olido nunca. No, no te perseguirán, aún no hacés nada lo suficientemente peligroso, como defender el agua o negarse a una imaginaria propiedad privada.

Solo queda asumir la furia y la frustración por no haber tenido una soledad sana, sin violencia, sin tanto ruido que recubre como delgado caramelo-caramelo tu fragilidad. No, no morirás con un respirador mal atracado en la garganta, y si lo hacés en el mejor de los casos, para qué cediste tu corto tiempo a lo que nunca existió, serás otra persona muerta, tan bonita, tan calladita.

Claro que me hubiera comido sus sonrisas. ¡Todas! ¡Hay dudas que ofenden! (Sentirse ofendido en este país da pena-risa-rabia. Todo corroe porque nos sentimos tan poco que queremos adherirnos más carencias para que se vea inflado el ego desnutrido).

Jonás le dijo a Jonás: «¿A quién le cuentas que me extrañas?». Y pienso en ella, en los discursos, en los circos, en los animales amaestrados, en un dios, en un arca binaria, pienso en los mitos fundacionales de nuestros recuerdos, un Borges ciego mirando el Aleph. Me pregunto si ella le podría decir a Jonás: «Muchacho, dejá de huir».

Edna O’Brien lo dice bien: «Uno no puede matar a los muertos», también dijo algo sobre los cuerpos sin cerebro que toman decisiones. Recordaba a mis niños muertos y es difícil soportar la idea de que estén muertos mientras tantos otros afirman que su respirar vale más. Edna sigue diciendo: «Murmurar, algo terriblemente perverso». Yo la apoyo, por eso le digo a la vecina que chilla: «Si su pecado es ladrar, asesine usted al perro, pero deje de contarme las costillas como si supiera de cirugías, de vidas ajenas, de cómo se cuenta un buen chisme. Usted está convencida de su tan baja calidad humana que aburre hablar sobre usted».

Los perros ladran como los niños nacen viscosos por la vagina o por el vientre en una cómoda cesárea. También lloran, se ensucian todo el tiempo, gritan y, al crecer, se convierten en desperdicio humano según el conteo de sus abandonos. ¿Es la normalidad de cada especie?

Finjamos que no nos drogamos-dormimos-idiotizamos para mancillar, pasar, resistir, soportar la soledad. Le estamos poniendo demasiada atención a nuestro ego: un engendro alimentado con leche, miedo y placer-confort.

Mucho antes de esta historia observaba a mi padre cuando se vestía. Abotonaba la camisa de abajo hacia arriba, con el orden y lo mecánico como argumentos. Luego venían las psicodélicas corbatas de los años setenta, colores divinos, femeninos, lujuriosos. Mi padre usaba mancuernillas, quizá por eso detestaba las camisas de manga larga. Después empezó a usar chalecos de militar retirado. De anciano lo confundían con algún viejo general a quien le abrían la puerta. ¿Será lo mismo ver a un anciano y pensar en un asesino?

Pienso en mi padre, blanco o rosado camarón, con sentido del humor de chispa respetuosa e inteligente. Sabía usar la voz y las palabras, milimétricamente moduladas, y la sonrisa o carcajada, usables ambas, que se oían a maravilla (menos la de un 28 de enero, cuando era de hiena siniestra, cuando el odio carcajeó un entierro, cuando estuvo convencido de que su dios deseó matar y mató, según él, el no-hombre de ese instante, según su insignificante ignorancia). Hoy la carcajada, que recobró un poco de la magia evaporada, está cansada, permanece dormida y entre las manos, el control de la TV.

Nosotros que no aprendimos a estar solos, ¿cómo recuperamos el amor? ¿De qué amor hablamos? ¿Del sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser? Impresionantes ovejas. Nuestra queja es honesta cuando nos duele. El dolor se maquilla, pero no se esconde. A veces se disfraza, y vaya esperpentos que se atreven a erigirse en líderes con amor.

«Instrucciones para matar a un vecino incómodo». No, no podés escribir eso, es como aceptar que este mínimo encierro nos está volviendo locos. Solo habían pasado seis días y ya era abrumadora la prisa por convertirnos en asesinos en serie. Había sonrisas hipócritas y violencias más cercanas. Es necesario volver a las ideas que tranquilizan-adormecen-mecen realidades en las que la soledad da vueltas de tuerca tan fuertes que paralizan el sentir. Nos palpamos las venas y el luego el espejo, con nuestros labios, nos dice: «No sos nadie».

En un futuro más que improbable (¿cómo deben ser los futuros?) mi hijo se llamaría Joaquín. Crecería como cualquier niño en este país. Con sus traumas de abandono, miedo heredado e insistencia enferma con cuadros de complejidad variable. Y se suicidaría a los veinticinco años, después de varias crisis de inmensidad, con tan poca capacidad de expresarse con palabras o acciones.

Mi hija se llamaría Erín, nombre que su madre eligió porque algo celta le recorría la sangre (quizá como la O’brien), la añoranza de un lugar lejano, la melancolía por días grises. Ella, Erín, la primera, no nacería. A su madre le arrancaron la matriz. La metástasis se activó por malas prácticas médicas llenas de supersticiones sobre los cuerpos de las mujeres y apegos perversos de familia. Creo que comprendo por qué mi padre nos repetía cuando éramos niños: «la familia embrutece, envilece y empobrece».

Después de una tras otra de relaciones fallidas, ¿somos expertos en sexo? Lo escribe aquí alguien que no ha practicado en varios meses, quien se está limitando-conteniendo-usando un Scheuklappe (me parecía tan inverosímil la palabra «tapaojos») por desear un cuerpo de venticuatro años. Un cuerpo, no una persona. ¿Después de tanta relación fallida somos tan básicos? Es absurda la postura de cualquiera un sábado a la una de la tarde con un calor sofocante en un país del trópico. Y nos damos aires de grandeza por menospreciar el sudor.

Estoy ignorando los deseos que palpitan desde los huesos como martillo de albañil. Lo hago conscientemente, aunque la semana antes del confinamiento quise abrazarla por la espalda, rodearle la cintura. Estaba tan cerca de mí mientras hablaba con alguien más. En mi control obsesivo de recordar cosas insignificantes, puede que haya imaginado más de dos momentos en los que el mundo se desvaneció en sus hoyuelos, en que mi mirada se concentró en su nerviosismo y desidia. Cómo noté el color de sus ojos, que su boca es pequeña y su voz grave. Luego viene el recuerdo abrupto de un «no». La negación sucedió durante tres estúpidos sueños, el subconsciente te ahorra situaciones ridículas. En los tres sueños era obvio que quería besarla. En el último sueño ella dice: «No te equivoqués». Tan claro y tan decepcionante. Luego despertar, siempre hay que despertar cuando las realidades ya no son probables ni placenteras ni tienen gatos amarillos.

A mis treinta y siete años, el deseo debe volverse más real y tangible. Los supuestos entorpecerían nuestra ficción de paz. Quizá todo se trate de tenerle aversión a las palabras cuando tienen connotaciones poco atractivas o inconvenientes, no gratas para nuestro fino oído hipócrita. Las palabras lastiman, dejan surcos nuevos en las manos, en las líneas periféricas de la corteza cerebral, pueden cortar cicatrices. Quizá solo tenga el problema de perseguir a la heterosexualidad. Desear lo imposible también crea entornos-confort a la medida.

Aviso: «No entrés en ningún espacio real o simbólico sin haber identificado la salida». El aviso lo vi dos años después. El tiempo no es lineal, ese ni siquiera es mito fundacional, ¡debería ser sentido común!

El monólogo-reclamo siguiente fue pensado en inglés. Balbuceantemente en un idioma parco he dicho lo que me ha dolido. Decirlo en mi idioma materno destruiría la esperanza. Hay que identificar las salidas… nótese en la versión en español el uso de la segunda persona en singular. ¿El voseo es más íntimo?


-You do it for me? Is that what you are doing? Is that why I'm feeling it? Do you do it for me? Mmm… I doubt… No, no… you do it for yourself. Because of you and because of the guilt. For guilt to be relieved after two years. You intercede for me at this time. You are fair. You are also imperfect and you like ice cream on rainy days, but you are fair. I do know it.

-¿Lo haces por mí? ¿Es eso lo que estás haciendo? ¿Es por eso que lo estoy sintiendo? ¿Lo haces por mí? Mmm…. Dudo… No, no… lo haces por ti. Por ti y por la culpa. Para que la culpa tenga alivio después de dos años. Intercedes por mí en este momento. Eres justa. También eres imperfecta y te gustan los helados en días de lluvia, pero eres justa.  Eso sí lo sé.

En este mundo normal las mujeres pueden convertirse fácilmente en madres de sus parejas hombres, mujeres o seres-pez antes que ser sus amigas. La amistad requiere de acuerdos serios como decirse potajes olorosos a los ojos sin parpadear. Por otro lado, el incesto está normalizado (véase «normal») y es real, y los imaginarios lo perpetúan en adultos rotos. 

La pandemia nos ha llenado el cuerpo con lana. Somos ovejas que gritan que quieren tener una vida normal. ¿Te podés imaginar la vida normal de las ovejas, incluso de las negras? Joder. Añorar la n-o-r-m-a-l-i-d-a-d. ¿Podés imaginar al conejo blanco consultando el reloj?

El mundo acabará en algún momento y siempre a destiempo. Como se mancillan los nombres de los dioses. He de decir que creo en el dios Tiempo. ¿Podemos imaginar a un dios llamado Tiempo que usa lentes de fondo de botella y botitas fuscia? ¿Sería calvo o idéntico a vos? ¿O nos han arrebatado la creatividad?

Ya sabemos del caos de la normalidad, de las rancias herencias familiares y de cuartetos poliamorosos peores que la monogamia. Sanar el caos necesita fe, he allí el dios Tiempo… ¿Podremos darnos un beso antes de que acabe el mundo? Y no se lo pregunto al cuerpo veinteañero, sino a ella, la justa de cuarenta y siete.

Noe Vásquez Reyna

(Ciudad de Guatemala, 1983)

Sobre todas las cosas es lector@. Se licenció en literatura y se ha especializado en comunicación. Ha publicado dos libros de relatos, una novela corta para adolescentes y un poemario digital. Ensayos literarios, artículos periodísticos, columnas de opinión y trabajos de ficción y no ficción han sido publicados en antologías y revistas de Guatemala, El Salvador, Alemania y Noruega. Actualmente es columnista y subdirectora de la revista digital centroamericana de cultura y opinión Casi literal, y trabaja en gestión cultural en Casa Cervantes. Es cofundadora del colectivo LGTBIQ Promiscuos ConCiencia, que organiza charlas colectivas sobre temas en torno a los vínculos y relaciones humanas.

martes, 1 de septiembre de 2020

Negrísimas hojas (segunda parte)

 Hoy  queremos compartir con todos ustedes la segunda presentación de los textos de Candi Ventura. 



XX

Después de ducharme
a veces me siento en la cama.
Inconforme
Insatisfecha.
Con todos los nudos en la cabeza.
Con todos los desastres por delante.
La tristeza es tan grande
que opto por ver hacia la ventana.
Podría ver hacia el mueble del enfrente
incluso es más fácil
pero no
Veo hacia la ventana que está al lado
izquierdo.
Mientras más grande la tristeza
más grande debe ser la ventana
quizá sea porque lo que busco
está tremendamente lejos.


Depuración

Las ojeras del cansancio se hacen
grandes y negras.
 
El abrazo de la vida
me estruja hasta darme espasmos
que sacuden las paredes
llenas de muebles viejos que he negado
a sacar de mi interior
desde hace algunos años.

Los muevo, los acaricio
están desarmados, desgastados
llenos de gusanos y de olores extraños.

Me miran desde el techo y se ríen de mí.
Lo que nadie sabe,
es que son mis órganos
palpitantes y cojos.

Los muebles de mi cuerpo
algún día explotarán dentro de mí
como una bomba que mata inocentes
con la excusa de la libertad. 

Músculo

Dentro de mi corazón tengo un músculo en
donde corren ríos de sangre
un músculo que palpita junto a mis
desaciertos
me conecta a la tierra y me hace aullar
en luna llena.

Dentro de mí tengo a millones de
mujeres muertas
muertas por indiferencia
muertas por brujas
muertas por acurrucarse entre las
dudas
muertas con ojos vivos.

Del ombligo me sale flores que nacen
en mi útero
en mi útero se gestan los días tibios
en mi útero pueden descansar los millones
de muertas
en mi útero descansa este inquieto
corazón…
músculo a músculo
miedo a miedo
en un perenne palpitar
de animal salvaje.



viernes, 28 de agosto de 2020

Negrísimas hojas


Hoy les compartimos los tres primeros textos de Candi Ventura López. Ella es una mujer, profesora de enseñanza media en Lengua y Literatura, que estudió la Licenciatura en Letras sin llegar a graduarse, pues entiende que la educación no debe ser estandarte de incoherencias y mediocridades. Es amante de la justicia hasta en las cosas más pequeñas. Fiel creyente de que la juventud y la niñez no es el futuro sino el presente del mundo. Ha publicado los poemarios Vela (Editorial Universitaria 2017) y Negrísimas hojas (Editorial Alambique 2020).



A vos que matás

¿Qué corre por tu cabeza, por tu cuerpo cuando jalás el gatillo frío del arma?
¿Tenés hijos?
¿Tenés mamá, papá, hermanos?
¿Qué pensás cuando te bañás?
¿Qué te pasó por la mente cuando le quitaste los recuerdos y la luz a mi tío, a mis amigos, a mi primo?
¿Sabés? Yo lo amaba… y me hacen mucha falta.
¿Qué pensás ahora?
¿Los recordás?
¿Recordás sus rostros llenos de miedo?
¿O nunca los viste de frente?

También me hace falta el señor que mataste por un encargo, y el otro que debió ser policía privado para poder subsistir, aunque le tuviera miedo a las armas; me hace falta, por ejemplo, la señora que dormía de lado, el labrador que peleaba por sus tierras, el piloto que reía con sus hijos desnutridos, el comerciante, el abogado, la niña de primaria, el niño de la bicicleta… en fin.

A vos que matás… yo te odio, y espero que nadie te perdone, que nadie rece por vos, que nadie te deje en las manos de dios. 

Descanso

Hoy
encontré un insecto amarillo muerto en mi mochila beige.
Estaba de lado
no estaba aplastado
y parecía dormir.
Su posición me dio escalofríos.
Algunas noches
mi ropa para dormir es amarilla
mi colcha es beige
y mi posición
para que las pesadillas no molesten
tanto
es de lado.
Era yo, otra yo en otro espacio
en otro mundo
en el mismo tiempo.

Alada

Las ventanas de mi casa
despiertan repletas de angustias aladas
una a una saltan al abismo del día
que se aproxima
crujen en sus cuerpos los sueños
pasados
y el olvido expectante se lo llevan
entre el pico.

Las angustias son al fin como pájaros
pájaros tristes sin manos
pájaros cantando y aleteando cada
amanecer tortuoso
en cada casa
en cada árbol
en cada vida que no quieren seguir.

 



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Luis Cardoza y Aragón

Nació en la ciudad de Antigua Guatemala el 21 de junio de 1901. Fue poeta, diplomático y uno de los intelectuales más importantes d...